Engancha desde el principio: Cómo escribir introducciones inolvidables

Escribir introducciones

¿Cuántas veces has empezado a leer un artículo, y a los pocos segundos pierdes el interés? Pues igual le está pasando a otro con lo que escribes tú.

Imagina que eres el escritor de ese texto abandonado.

¿A que duele ver que la gente se va antes de terminar el primer párrafo?

Para evitarlo, tienes que escribir introducciones inolvidables que capten la atención del lector.

Te voy a mostrar diversas técnicas para que tu próximo texto enganche desde el principio y mantenga a tus lectores pegados a la pantalla.

Define el contexto

Antes de arrancar con la primera frase de tu texto, debes tener claro el contexto.

¿Sobre qué estás escribiendo y para quién?

Un artículo académico, una entrada de blog informal o un correo destinado a posibles clientes no son iguales.

Cada situación requiere un enfoque distinto.

Si conoces a tu audiencia y entiendes qué está buscando, podrás adaptar tu introducción para hablarles directamente.

Así generas cercanía y relevancia desde el primer momento.

La intención del lector también forma parte del contexto.

Puede que quiera resolver un problema urgente o que solo busque entretenerse.

Por ejemplo, un público joven en redes sociales admite un tono más coloquial, mientras que a profesionales en LinkedIn quizá los atrapes mejor con un dato llamativo o un planteamiento más serio.

En cualquier caso, tu objetivo es el mismo:

  • Prometerles que lo que viene a continuación merece la pena.

Eso sí, no existe una fórmula mágica ni una lista universal de frases para llamar la atención del cliente que funcione en todas las situaciones.

Es tentador buscar en Google frases impactantes prefabricadas, pero las mejores introducciones nacen de entender a tus lectores y darles algo que les resuene.

Por eso, antes de ponerte a escribir, pregúntate:

  • ¿Qué necesita mi lector?
  • ¿Qué tono y enfoque encajan con su expectativa?

Cuando tengas la respuesta, estarás listo para empezar fuerte.

Usa el tono correcto

Con el contexto claro y tu audiencia en mente, toca decidir el tono adecuado para tu introducción.

El tono es la personalidad de tu texto.

Puede ser serio, cercano, inspirador, divertido... pero siempre debe encajar con lo que quieres lograr y con quién te lee.

Con ese tono definido, veamos algunas maneras de empezar un texto con fuerza.

Una idea o una cita llamativa

Empezar con una idea potente o una cita sorprendente es como presentar un plato fuerte desde el primer bocado.

De inmediato, captas la atención.

Una frase provocativa, un dato curioso o una cita de impacto pueden hacer que el lector se detenga y piense: "¿A ver a dónde va esto?".

Por ejemplo, imagina que estás escribiendo sobre productividad personal.

Podrías empezar así

 Estás perdiendo el 80% de tu jornada en tareas que no te aportan nada.

¿Sorprende, verdad?

Un dato contundente como ese deja al lector intrigado, queriendo saber cómo puede recuperar ese tiempo perdido.

Claro, que tiene que ser un dato real.

La clave está en elegir desde el principio una frase que condense el mensaje central de tu texto o plantee un contraste interesante.

Así abres la puerta a tu contenido con fuerza y dirección.

Aprovecha el storytelling

A todos nos atrae una buena historia.

Es natural que un relato interesante enganche.

Por eso, empezar con una historia o anécdota personal puede ser una jugada maestra.

Al contar una situación concreta, pintas una escena en la mente del lector y logras que se identifique o sienta curiosidad por el desenlace.

Por ejemplo, imagina que escribes un artículo sobre superar el miedo a hablar en público.

Podrías empezar con una escena:

Lucía apretaba las fichas temblorosas bajo la mesa. Sin embargo, algo hizo clic en su mente antes de subir al escenario...

Seguro que ahora quieres saber qué pasó con Lucía, ¿verdad?

Esa intriga es justo lo que logra el storytelling.

El lector seguirá leyendo para descubrir el final de la historia

Y de paso, aprenderá cómo superar su propio miedo.

Introducciones inolvidables

Haz una pregunta

Otra forma sencilla pero efectiva de atrapar la atención es formulando una pregunta directa.

Cuando lees una pregunta, casi sin darte cuenta intentas responderla en tu mente.

Por eso, si esa pregunta toca un punto de interés o un problema que el lector tiene, conseguirás su atención.

Empezar con una pregunta involucra al lector desde el primer momento.

Lo hace partícipe de tu conversación.

Un ejemplo clásico:

Supongamos que estás enseñando técnicas de ahorro.

Podrías abrir con:

¿Te gustaría llegar a fin de mes con dinero de sobra sin sacrificar tus caprichos?

En una sola línea, el lector ya está pensando en su propia situación financiera (y deseando saber la respuesta).

Eso sí, asegúrate de que tu texto responda o explore la pregunta que planteaste.

No hay nada peor que generar expectativa con una pregunta poderosa y luego no cumplir con la respuesta.

Comparte una analogía

Las analogías conectan lo conocido con lo nuevo.

Comparar tu tema con algo familiar para el lector es una estrategia estupenda para empezar con cercanía y originalidad.

Una buena analogía en la introducción puede hacer que un concepto difícil se entienda con facilidad o que una idea común se vea desde una perspectiva fresca.

Bien elegida, simplifica tu idea y le añade un toque creativo.

Perfecto para enganchar a quien te lee.

La conexión emocional

Las emociones son poderosas aliadas a la hora de escribir.

Si consigues que tu lector sienta algo desde el principio, tendrás su atención.

Crear una conexión emocional en la introducción significa apelar a sentimientos o experiencias humanas universales.

Es hacer que el lector asienta con la cabeza y piense "esto me ha pasado a mí" o "entiendo perfectamente esa sensación".

Esa empatía inicial lo vincula a tu historia o argumento.

Una conexión emocional temprana es garantía de que el lector querrá seguir leyendo hasta el final.

Introducciones eficaces - humor

El poder del humor

No hay que subestimar el poder de una sonrisa.

Bien usado, el humor en una introducción actúa como un imán.

 Rompes el hielo y muestras tu lado humano.

Un chiste suave, una ironía o una frase ingeniosa al inicio pueden convertir una lectura pesada en algo ameno.

Sí, una lectura como esta puede ser un buen ejemplo. ;)

Claro, que el humor debe encajar con el tema y la audiencia.

Si se nota forzado, puede distraer en lugar de atraer.

Pero cuando aciertas, generas complicidad con el lector.

Consigues que perciba una voz auténtica detrás del texto, y que se quede con ganas de más.

Continúa manteniendo la atención

Ya has alcanzado el objetivo inicial y has enganchado al lector.

Ahora toca cumplir lo que prometiste y mantener su atención hasta el final del texto.

Una introducción brillante abre la puerta, pero el contenido debe invitar al lector a quedarse en la sala.

Para empezar, asegúrate de que el desarrollo cumpla con lo que has dicho.

Si empezaste con una pregunta intrigante, respóndela poco a poco.

Si arrancas con una historia, ofrécele un desenlace más adelante.

El lector debe sentir que valió la pena engancharse.

Mantener la atención implica seguir aportando valor, mantener un ritmo adecuado y reforzar de vez en cuando el interés.

Puedes usar subtítulos atractivos para reenganchar al lector en cada sección.

También ayuda hacer guiños a lo largo del texto, insinuando que lo mejor está por venir o recordando al lector por qué cada parte es importante.

Entrega siempre lo que ofreces, porque la confianza del lector es sagrada

Si defraudas con contenido vacío tras una gran introducción, puede que no te dé otra oportunidad.

En resumen, escribir introducciones inolvidables consiste en atraer con ingenio, conectar con autenticidad y guiar al lector por el resto del camino con contenido de calidad.

Si tienes que enfrentarte al temido primer párrafo, estas estrategias te ayudarán.

El lector lo notará y lo agradecerá leyendo hasta la última palabra.

0 Comentarios